Los desafíos de la niñez y la adolescencia

Hija de unos esposos muy trabajadores, que sin tener muchos estudios, supieron educar con amor y entrega a sus cuatro hijos.

Cuenta mi madre que mi fecha probable de parto era el 26 de febrero… pero no llegué ese día. ¡Nací un mes después! Exactamente el 26 de marzo. Nunca se supo si fue un error médico o un capricho del destino, pero así comenzó mi primera gran lucha por la vida.

Al nacer, me detectaron ictericia neonatal, un exceso de bilirrubina en la sangre.

Se encendieron las alarmas del hospital y los médicos actuaron de inmediato. Dicen que nací con un tono amarillito que parecía sacado de una canción… así que, con humor, diré como Juan Luis Guerra y 4:40

🎶 “Me sube la bilirrubina… cuando te miro y no me miras…” 🎶
¡Jajaja!

Pero gracias a Dios, lo superé y crecí saludable. Desde pequeña fui una niña inquieta, amorosa, coqueta, relajada… me encantaba bailar, cantar y hacer reír. A los 4 años ya era parte de un grupo de danza folclórica del barrio. Ganamos concursos regionales y provinciales y, a mis 7 años, fui coronada reina del aniversario escolar. Aún recuerdo la emoción y la sonrisa de ese momento.

Mi carácter fuerte se empezó a notar temprano. A los 6 años fui enviada a vivir con una tía, quien también era mi maestra de primer grado, porque «no me podían controlar». Ahí forjé lazos hermosos con mis primos, que hoy siento como hermanos.

Más adelante, por razones laborales de mis padres, me dejaron viviendo con otra maestra, y fue con su familia que también cultivé una relación de hermandad. A pesar de los cambios, me adaptaba, pero nunca dejaba de cuestionar lo que no sentía justo. Esa soy yo: expresiva, directa… y muy sensible ante la injusticia.

En la secundaria volví a rebelarme. Mientras mis hermanos y primos iban a un colegio, a mí me querían enviar a otro. No acepté y me planté. El primer día de clases no fui. ¿Resultado? Terminé matriculada con ellos. Jajaja. Y sí, me destaqué… no por ser tranquila, sino por inquieta, desordenada y por ser un reto para muchos profesores. ¡Qué recuerdos!

Bendiciones gente, y gracias por acompañarme en este viaje llamado vida. Cada anécdota, cada caída y cada logro han hecho de mí la mujer que soy hoy.

Te invito a seguir leyendo mis historias. Puede que en alguna de ellas veas reflejada la tuya… o te animes a contar la tuya también. ¡La vida es un regalo, y compartirla también!

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